Según Wyn Kelley, «Agatha es el texto más fascinante que Melville
jamás escribió, puede que sea una de las historias más interesantes que
jamás escribió Hawthorne, y la historia más extraordinaria que Melville y
Hawthorne jamás escribieron juntos».
Que la historia de Agatha,
basada en un caso real, caló en Melville, lo prueba el hecho de que,
nada más tener noticia de ella, enseguida organizó los materiales de una
posible trama. Así se lo comunicó a su amigo Nathaniel Hawthorne, a
quien, en una serie de cartas,
invitó a componer los pedazos, ya ordenados, de una novela por
escribir. Hawthorne respondió gracias, pero no. Y la historia de Agatha
nos ha llegado en un estado embrionario, tal como Melville la ideó en aquellas célebres cartas. De aquel esqueleto, pues, nace este libro.
La
historia de Agatha sirve ahora a Sara Mesa y a Pablo Martín Sánchez
para urdir dos versiones de una misma fábula y dar respuesta a la
pregunta: ¿cómo escribirías hoy una historia esbozada a mediados del
siglo XIX?




